TORTUGUERO, PURA VIDA SALVAJE DE COSTA RICA

Las tortugas marinas lloran cuando ponen los huevos junto al mar. O eso dicen… ¿Quién no ha soñado en comprobarlo alguna vez en directo? Pero toparse con una tortuga en plena puesta es complicado: el mar es demasiado ancho, y las tortugas en peligro de extinción empiezan a ser escasas. Pero si hay un lugar en el mundo donde es más fácil observar de cerca estos enormes quelonios marinos es un lugar concreto del Caribe de en Costa Rica. El sitio incluso tiene un nombre que augura certeza en el avistamiento de estos animales: Tortuguero.

Situado en el norte del país caribeño, en el distrito de Colorado, el Parque Nacional Tortuguero es uno de los 28 parques nacionales costarricenses y, posiblemente, es uno de los más conocidos. Si quieres ver tortugas, este es el lugar.

Pero el parque alberga una colección de flora y fauna que lo hacen interesante incluso si nuestro objetivo no es solo ver tortugas. El parque consiste en más de 31 mil hectáreas de selva atravesada por canales acuáticos que desembocan en las playas del Caribe, donde se extiende la protección hasta 52.000 hectáreas. Monos, perezosos, ranas, iguanas, manatíes, incluso pumas, son algunas de las especies que se pueden ver con las excursiones a través de los viejos canales que servían (y todavía sirven) para el transporte de la banana, el cultivo por excelencia de la región. Se han clasificado hasta once hábitats en el parque, con una extraordinaria variedad de plantas de hasta dos mil especies diferentes así como más de cuatrocientas especies de árboles.

Una visita al Parque Nacional Tortuguero permite al viajero adentrarse en lo más salvaje de la selva de Costa Rica. Y llegar hasta el asentamiento principal del parque, Tortuguero, es ya una aventura. Situada en el extremo de una barra de tierra, a la pequeña población se suele llegar tomando pasaje en una de las barcas que parten del restaurante La Pavona, en Limón. A partir de aquí comienza la emocionante ruta a bordo de la lancha que avanza a velocidad considerable por los sinuosos meandros del río La Suerte. Aquí y allá se observan caimanes en la orilla, o jacanas paseando con sus finas patas sobre las anchas hojas de los nenúfares. Algún buitre cabecirrojo nos observará atento desde lo alto de una rama de tronco caído, o veremos el rápido y colorido vuelo del trogón violáceo. A lo mejor incluso escuchamos el sonoro grito del tucán o la señal de alarma de un mono, o distinguimos la silueta blanquinegra de un tamandúa escabulléndose entre los árboles. Hay que estar atentos…

Pero para ver al auténtico icono del Parque Nacional Tortuguero, la tortuga marina, tendremos que esperar hasta la noche. Hasta cuatro especies distintas desovan en las playas protegidas del parque: Verde (Chelonia mydas), Baula (Dermochelys coriacea), Carey (Eretmochelys imbricata), Cabezona (Caretta caretta). Para proteger a los huevos de los depredadores todas las tortugas realizan la puesta durante la noche y regresan al agua antes o durante el amanecer. Por ello es imprescindible, si queremos verlas, seguir un tour nocturno con uno de los guardas del parque. Ellos son los especialistas que controlan a diario cuántas hembras de cada especie llegan al parque y los que nos llevarán hasta la playa más cercana donde se puedan ver. En pequeños grupos para no amedrentarlas, y siempre con una linterna de luz roja para no cegarlas, los guardas nos llevarán hasta una de las tortugas que se encuentre terminando ya el desove. Los grandes animales, que pueden llegar a medir más de un metro de longitud, excavan un enorme hoyo en la arena y es allá donde, uno a uno, depositan los huevos, de 100 a 200 en cada nido. Posteriormente los cubrirán de arena para resguardarlos del peligro y permitir que sea la tierra calentada por el sol quien los incube. Al cabo de unos dos meses las tortuguitas romperán el cascarón, saldrán a la superficie de la playa y encararán su camino hacia las olas y el mar abierto, donde empezarán a alimentarse.

Pocos espectáculos de la naturaleza son tan ilustrativos del ciclo de la vida como la puesta de huevos y eclosión de las tortugas en Tortuguero. Al ver por fin las lágrimas de la tortuga un estremecimiento de emoción te recorre el cuerpo y sufres con ella, aunque los guardas te digan que no llora de dolor, sino para mantener los ojos húmedos y libres de arena. Es entonces cuando te das cuenta de que aquí en Costa Rica la naturaleza es aún como en el principio de los tiempos, como cuando toda la Tierra era un Jardín del Edén.

 

Y entonces entiendes por qué, aquí en Costa Rica, la frase más repetida es: ¡Pura Vida!

FOTOS:  Jordi Canal-Soler

Más información en www.jordicanal.com

 

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